Del
libro "Cuentos para pensar"
Editorial Nuevo Extremo
Juan Sinpiernas
(... o el arte de igualar
para abajo)
Juan Sinpiernas era un hombre
que trabajaba como leñador.
Un día Juan compró
una sierra eléctrica pensando que esto
aligeraría mucho su trabajo.
La idea hubiera sido muy feliz si él hubiera
tenido la precaución de aprender a manejar
primero la sierra, pero no lo hizo.
Una mañana mientras trabajaba
en el bosque, el aullido de un lobo hizo que el
leñador se descuidara... La sierra eléctrica
se deslizó entre sus manos y Juan se accidentó
hiriéndose de gravedad en las dos piernas.
Nada pudieron hacer los médicos
para salvarlas, así que Juan Sinpiernas,
como si fuera víctima de la profética
determinación de su nombre, quedó
definitivamente postrado en un sillón por
el resto de su vida.
Juan estuvo deprimido durante
meses por el accidente y después de un
año, pareció que poco a poco empezaba
a mejorar.
No obstante, algo conspiró
contra su recuperación psíquica
e imprevistamente, Juan volvió a caer en
una profunda e increíble depresión.
Los médicos lo derivaron
a psiquiatría.
Juansinpiernas, después
de una pequeña resistencia, hizo la consulta.
El psiquiatra era amable y contenedor.
Juan se sintió en confianza rápidamente
y le contó sucintamente los hechos que
derivaron en su estado de ánimo.
El psiquiatra le dijo que comprendía
se depresión. La pérdida de las
piernas -dijo- era realmente un motivo muy genuino
para su angustia.
- Es que no es eso, doctor
-dijo Juan- mi depresión no tiene que ver
con la pérdida de las piernas. No es la
discapacidad lo que más me molesta. Lo
que más me duele es el cambio que ha tenido
la relación con mis amigos.
El psiquiatra abrió los
ojos y se quedó mirándolo, esperando
que Juan Sinpiernas completara su idea.
- Antes del accidente mis
amigos que me venían a buscar todos los
viernes para ir a bailar. Una o dos veces a la
semana nos reuníamos a chapotear en el
río y hacer carreras a nado. Hasta días
antes de mi operación algunos de los amigos
salíamos los domingos de mañana
a correr por la avenida costanera. Sin embargo,
parece que por el sólo hecho de haber sufrido
el accidente, no sólo he perdido las piernas,
sino que he perdido además las ganas de
mis amigos de compartir cosas conmigo. Ninguno
de ellos me ha vuelto a invitar desde entonces.
El psiquiatra lo miró y
se sonrió...
Le costaba creer que Juan Sinpiernas
no estuviera entendiendo lo absurdo de su planteo...
No obstante, el psiquiatra decidió
explicarle claramente lo que pasaba. El sabía
mejor que nadie que la mente tiene resortes tan
especiales que pueden hacer que uno se vuelva
incapaz de entender lo que es evidente y obvio.
El psiquiatra le explicó
a Juan Sinpiernas que sus amigos no lo estaban
evitando por desamor o rechazo. Aunque fuera doloroso,
el accidente había modificado la realidad.
Le gustara o no, él ya no era el compañero
de elección para hacer esas mismas cosas
que antes compartían...
-Pero Dr. -interrumpió
Juan Sinpiernas- yo sé que puedo nadar,
correr y hasta bailar. Por suerte, pude aprender
a mejorar mi silla de ruedas y sé que nada
de eso me está vedado...
El doctor lo serenó y siguió
su razonamiento: Por supuesto que no había
nada en contra de que él siguiera haciendo
las mismas cosas, es más, era importantísimo
que siguiera haciéndolas. Simplemente,
era difícil seguir pretendiendo compartirlas
con sus relaciones de entonces.
El psiquiatra le explicó
a Juan que en realidad él podía
nadar, pero tenía que competir con quienes
tenían su misma dificultad... que podía
ir a bailar, pero en clubes y con otros a quienes
también les faltara las piernas... podía
salir a entrenarse por la costanera, pero debía
aprender a hacerlo con otros discapacitados.
Juan debía entender que
sus amigos no estarían con él ahora
como antes, porque ahora las condiciones entre
él y ellos eran diferentes....
Ya no eran sus pares.
Para poder hacer estas cosas que
él deseaba hacer y otras más, era
mejor acostumbrarse a hacerlo con sus iguales.
Tenía, entonces, que dedicar su energía
a fabricar nuevas relaciones con pares.
Juan sintió que un velo
se descorría dentro de su mente y esa sensación
lo serenó.
-Es difícil explicarle
cuanto le agradezco su ayuda, doctor - dijo Juan
- Vine casi forzado por sus colegas pero ahora
comprendo que tenía razón... He
entendido su mensaje y le aseguro que seguiré
sus consejos, doctor. Muchas gracias ha sido realmente
útil venir a la consulta.
-Nuevas relaciones con pares.
- Se repitió Juan para no olvidarlo.
Y entonces Juan Sinpiernas salió
del consultorio del psiquiatra, y volvió
a su casa...
y puso en condiciones su sierra eléctrica...
Planeaba cortarles las piernas
a algunos de sus amigos, y "fabricar"
así.... algunos pares.
Jorge Bucay
El Dr. Jorge Bucay es argentino
Este cuento es del libro "Cuentos para pensar"
Editorial Nuevo Extremo

El oso.
Hay cuentos que son particularmente
significativos para mí.
Uno de ellos es ésta antiquísima
historia que me contó alguna vez mi abuelo
y que quiero contarte, tal como hoy la recuerdo.
Esta es la historia de un sastre,
un zar y su oso.
Un día el zar descubrió
que uno de los botones de su chaqueta preferida
se había caído.
El zar era caprichoso, autoritario
y cruel (como todos los que se enmarañan
por demasiado tiempo en el poder), así
que, furioso por la ausencia del botón
mandó a buscar al sastre y ordenó
que a la mañana siguiente fuera decapitado
por el hacha del verdugo.
Nadie contradecía al
emperador de todas las Rusias, así que
la guardia fue hasta la casa del sastre y arrancándolo
de entre los brazos de su familia lo llevó
a la mazmorra del palacio para esperar allí
a su muerte.
Al atardecer, cuando el guarda
cárcel le llevó al sastre la última
cena, este meneó la cabeza y musitó:
- Pobre Zar.
El guardia no pudo evitar
la carcajada:
- ¿Pobre del Zar?.
Pobre de ti. Tu cabeza quedará bastante
lejos de tu cuerpo mañana mismo.
- Tú no entiendes -
dijo el sastre- ¿Qué es lo más
importante para nuestro zar?
- ¿Lo más importante?
- contestó el guardia - No sé. Su
pueblo.
- No seas estúpido.
Digo algo realmente importante para él.
- ¿Su esposa?.
- Más importante!!
- Los diamantes!! - creyó
adivinar el carcelero.
- ¿Qué es lo
que más le importa al zar en el mundo?
- Ya sé!!!. Su oso.
- Eso. Su oso.
- ¿Y?
- Mañana, cuando el
verdugo termine conmigo, el zar perderá
su única oportunidad para conseguir que
su oso hable
- ¿Tú eres entrenador
de osos?.
- Un viejo secreto familiar...
- dijo el sastre - Pobre zar.....
Deseoso de ganarse los favores
del zar, el pobre guardia corrió a contarle
al soberano su descubrimiento:
El zar estaba encantado. Mandó a buscar
inmediatamente al sastre y cuando lo tuvo frente
a sí le ordenó:
- Enséñale a
mi oso nuestro lenguaje!!
El sastre bajó la cabeza
y dijo:
- Me encantaría complacerte
ilustrísima, pero enseñar a hablar
a un oso es una tarea ardua y lleva tiempo....
y lamentablemente, tiempo es lo que menos tengo....
- ¿Cuánto tiempo
llevaría el aprendizaje? - preguntó
el zar
- Depende de la inteligencia
del oso...
- El oso es muy inteligente!!
- interrumpió el zar - De hecho es el osos
más inteligente de todos los osos de Rusia.
- Bien, si el oso es inteligente.....
y siente deseos de aprender....
yo creo..... que el aprendizaje
duraría..... duraría..... no menos
de..... DOS AÑOS.
El zar pensó un momento
y luego ordenó:
- Bien, tu pena será
suspendida por dos años, mientras tú
entrenas al oso. Mañana empezarás!
- Alteza - dijo el sastre
- Si tú mandas al verdugo a ocuparse de
mi cabeza, mañana estaré muerto,
y mi familia se las ingeniará para sobrevivir.
Pero si me conmutas la pena, ya no tendré
tiempo para dedicarme a tu oso... deberé
trabajar de sastre para mantener a mi familia.....
- Eso no es problema - dijo
el zar - A partir de hoy y durante dos años
tú y tu familia estarán bajo la
protección real. Serán vestidos
alimentados y educados con el dinero del zar y
nada que necesiten o deseen les será negado.....
Pero, eso sí..... Si dentro de dos años
el oso no habla.... te arrepentirás de
haber pensado en esta propuesta... Rogarás
haber sido muerto por el verdugo.... ¿Entiendes,
verdad?.
- Si, alteza.
- Bien... Guardias!! - gritó
el zar - Que lleven al sastre a su casa en el
carruaje de la corte, denle dos bolsas de oro,
comisa y regalos para sus niños. Ya....
Fuera!!!.
El sastre en reverencia y
caminando hacia atrás, comenzó a
retirarse mientras musitaba agradecimientos.
- No olvides - le dijo el
zar apuntándolo con el dedo directamente
a la frente - Si en dos años el oso no
habla...
.....Cuando todos en la casa lloraban por la pérdida
del padre de familia, el sastre apareció
en la casa en el carruaje del zar, sonriente,
eufórico y con regalos para todos.
La esposa del sastre no cabía
en su asombro. Su marido que pocas horas antes
había sido llevado al calabozo volvía
ahora, exitoso, acaudalado y exultante...
Cuando estuvieron solos el
hombre le contó los hechos.
- Estás LOCO - chilló
la mujer - enseñar a hablar al oso del
zar. Tú, que ni siquiera has visto un oso
de cerca. Estás loco.
Enseñar a hablar a
un oso.... Loco, estás loco...
- Calma mujer, calma. Mira,
me iban a cortar la cabeza mañana al amanecer,
ahora tengo dos años.... En dos años
pueden pasar tantas cosas...
En dos años... - siguió
el sastre - se puede morir el zar..... me puedo
morir yo.... y lo más importante... por
ahí el oso habla!!!
Jorge Bucay

Cuento
sin U.
Caminaba distraídamente
por el camino y de pronto lo vio.
Allí estaba el imponente
espejo de mano, al costado del sendero, Como esperándolo.
Se acercó, lo alzó
y se miró en él.
Se vio bien.
No se vio tan joven , pero
los años habían sido bastante bondadosos
con él.
Sin embargo, había
algo desagradable en la imagen de sí mismo.
Cierta rigidez en los gestos
lo conectaba con los aspectos más agrios
de la propia historia:
La bronca,
el desprecio,
la agresión,
el abandono,
la soledad.
Sintió la tentación
de llevárselo, pero rápidamente
desechó esa idea.
Ya había bastantes
cosas desagradables en el planeta para cargar
con otra más.
Decidió irse y olvidar
para siempre ese camino y ese espejo insolente.
Caminó por horas tratando
de vencer la tentación de volver atrás
hacia el espejo. Ese misterioso objeto lo atraía
como los imanes atraen a los metales.
Resistió y aceleró
el paso.
Tarareaba canciones infantiles
para no pensar en esa imagen horrible de sí
mismo.
Corriendo, llegó a
la casa donde había vivido desde siempre,
se metió vestido en la cama y se tapó
la cabeza con las sábanas.
Ya no veía el exterior,
ni el sendero, ni el espejo, ni la imagen de él
mismo reflejada en el espejo; pero no podía
evitar la memoria de esa imagen:
la del resentimiento,
la del dolor,
la de la soledad,
la del desamor,
la del miedo,
la del menosprecio.
Había ciertas cosas
indecibles e impensables....
....Pero él sabía
donde había empezado todo esto.
Empezó esa tarde, hacía
treinta y tres años...
El niño estaba tendido,
llorando frente al lago el dolor del maltrato
de los otros.
Esa tarde, el niño decidió
borrar, para siempre, la letra del alfabeto.
Esa letra.
Esa.
La letra necesaria para nombrar
al otro si está presente.
La letra imprescindible para
hablarle a los demás, al dirigirles la
palabra.
Sin manera de nombrarlos dejarían
de ser deseados...
y entonces no había
motivo para sentirlos necesarios....
se sentiría, por fin,
libre......
EPILOGO:
Escribiendo sin "U"
puedo hablar hasta el cansancio
de mí,
de lo mío, del yo,
de lo que tengo,
de lo que me pertenece...
Hasta puedo escribir de él,
de ellos
y de los otros.
Pero sin "U"
no puedo hablar de ustedes,
del tú,
de lo vuestro.
No puedo hablar de lo suyo,
de lo tuyo,
ni siquiera de lo nuestro.
Así me pasa....
A veces pierdo la "U"....
y dejo de poder hablarte,
pensarte, amarte, decirte.
Sin "U",
yo me quedo pero tú desapareces...
Y sin poder nombrarte,
¿cómo podría
disfrutarte?.
Como en el cuento... si tú
no existes,
me condeno a ver lo peor de
mí mismo
reflejándose eternamente,
en el mismo
mismísimo
estúpido
espejo.
Jorge Bucay

El
temido enemigo
La idea de este cuento llegó
a mí escuchando un relato de Enrique Mariscal.
Me permití, a partir de allí, prolongar
el cuento para transformarlo en otra historia
con otro mensaje y otro sentido.. Así como
está ahora se lo regalé una tarde
a mi amigo Norbi.Había una vez, en un reino
muy lejano y perdido, un rey al que le gustaba
mucho sentirse poderoso. Su deseo de poder no
se satisfacía sólo con tenerlo,
él necesitaba, además que todos
lo admiraran por ser poderoso. Así como
a la madrastra de Blanca Nieves no le alcanzaba
con verse bella, también él necesitaba
mirarse en un espejo que le dijera lo poderoso
que era. El no tenia espejos mágicos, pero
contaba con un montón de cortesanos y sirvientes
a su alrededor a quienes preguntarle si él
era el más poderoso reino.
Invariablemente todos le decían lo mismo:
- Alteza, eres muy poderoso,
pero tu sabes que el mago tiene un poder que nadie
posee: El conoce el futuro.
(En Aquel tiempo, alquimistas, filósofos,
pensadores, religiosos y místicos eran
llamados, genéricamente "magos").
El rey estaba muy celoso del mago del reino pues
aquel no sólo tenía fama de ser
un hombre muy bueno y generoso, sino que además,
el pueblo entero lo amaba, lo admiraba y festejaba
que él existiera y viviera allí.
No decían lo mismo
del rey.
Quizás porque necesitaba
demostrar que era él quien mandaba, el
rey no era justo, ni ecuánime, y mucho
menos bondadoso.
Un día, cansado de
que la gente le contara lo poderoso y querido
que era el mago, o motivado por esa mezcla de
celos y temores que genera la envidia, el rey
urdió un plan:
Organizaría una gran
fiesta a la cual invitaría al mago. Después
de la cena, pediría la atención
de todos. Llamaría al mago al centro del
salón y delante de los cortesanos, le preguntaría
al mago si era cierto que sabía leer el
futuro. El invitado tendría dos posibilidades:
decir que no, defraudando así la admiración
de los demás, o decir que sí, confirmando
el motivo de su fama.
El rey estaba seguro que escogería
la segunda posibilidad. Entonces, le pediría
que le dijera la fecha en la que el mago del reino
iba a morir. Este daría una respuesta,
un día cualquiera, no importaba cual. En
ese mismo momento, planeaba el rey, sacar su espada
y matarlo. Conseguiría con esto dos cosas
de un solo golpe: la primera, deshacerse de su
enemigo para siempre; la segunda, demostrar que
el mago no había podido adelantarse al
futuro, ya que se había equivocado en su
predicción. Se acabarían, en una
sola noche, el mago y el mito de sus poderes...
Los preparativos se iniciaron
enseguida, y muy pronto el día del festejo
llegó...
... Después de la gran
cena, el rey hizo pasar al mago al centro y le
preguntó:
-¿ Es cierto que puedes
leer el futuro?
-Un poco- dijo el mago.
-¿ Y puedes leer tu
propio futuro?- preguntó el rey.
-Un poco- dijo el mago.
- Entonces quiero que me des
una prueba-dijo el rey-
¿Qué día
morirás?.. ¿Cuál es la fecha
de tu muerte?
El mago se sonrió,
lo miró a los ojos y no contestó.
- ¿Qué pasa
mago? - dijo el rey sonriente- ¿No lo sabes?
¿no es cierto que puedes
ver el futuro
- No es eso- dijo el mago-
pero lo que sé, no me animo a decírtelo.
¿ Cómo que no
te animas?- dijo el rey- ... Yo soy tu soberano
y te ordeno que me lo digas. Debes darte cuenta
de que es muy importante para el reino saber cuando
perderemos a sus personajes más eminentes...
Contéstame pues, ¿cuándo
morirá el mago del reino?
Luego de un tenso silencio,
el mago lo miró y dijo:
- No puedo precisarte la fecha,
pero sé que el mago morirá exactamente
un día antes que el rey...
Después de unos instantes,
el tiempo se congeló. Un murmullo corrió
por entre los invitados.
El rey siempre había
dicho que no creía en los magos ni en adivinaciones,
pero lo cierto es que no se animó a matar
al mago.
Lentamente el soberano bajó
los brazos y se quedó en silencio...
Los pensamientos se agolpaban
en su cabeza.
Se dio cuenta de que se había
equivocado.
Su odio había sido
el peor consejero.
- Alteza, te has puesto pálido.
¿Qué te sucede?- preguntó
el invitado.
- Me estoy sintiendo mal-
contestó el monarca- voy a ir a mi cuarto,
te agradezco que hayas venido.
Y con un gesto confuso giró
en silencio encaminándose a sus habitaciones...
El mago era astuto, había
dado la única respuesta que evitaría
su muerte.
¿Habría leído
su mente?
La predicción no podía
ser cierta. Pero... ¿Y si lo fuera?
Estaba aturdido....
Se le ocurrió que sería
trágico que le pasara algo al mago camino
a su casa
El rey volvió sobre
sus pasos, y dijo en voz alta:
-Mago, eres famoso en el reino
por tu sabiduría, te ruego que pases esta
noche en el palacio pues debo consultarte por
la mañana sobre algunas decisiones reales.
-! Majestad!. Será
un gran honor... - dijo el invitado con una reverencia.
El rey dio órdenes
a sus guardias personales para que acompañaran
al mago hasta las habitaciones de huéspedes
en el palacio y custodiasen su puerta asegurándose
de que nada le pasara...
Esa noche el soberano no pudo
conciliar el sueño. Estuvo muy inquieto
pensando que pasaría si al mago le hubiera
caído mal la comida, o si se hubiera hecho
daño accidentalmente durante la noche,
o si, simplemente, le hubiera llegado su hora.
Bien temprano en la mañana
el rey golpeó en las habitaciones de su
invitado.
El nunca en su vida había
pensado en consultar ninguna de sus decisiones,
pero esta vez, en cuanto el mago lo recibió,
hizo la pregunta.... necesitaba una excusa.
Y el mago, que era un sabio,
le dio una respuesta correcta, creativa y justa.
El rey, casi sin escuchar
la respuesta, alabó a su huésped
por su inteligencia y le pidió que se quedara
un día más, supuestamente, para
"consultarle" otro asunto... (obviamente,
el rey sólo quería asegurarse de
que nada le pasara).
El mago- que gozaba de la
libertad que sólo conquistan los iluminados-
aceptó..
Desde entonces todos los días,
por la mañana o por la tarde, el rey iba
hasta las habitaciones del mago para consultarlo
y lo comprometía para una nueva consulta
al día siguiente.
No pasó mucho tiempo
antes de que el rey se diera cuanta de que los
consejos de su nuevo asesor eran siempre acertados
y terminara , casi sin notarlo, teniéndolos
en cuenta en cada una de sus decisiones.
Pasaron los meses y luego los años.
Y como siempre... estar cerca
del que sabe vuelve al que no sabe, más
sabio. .
Así fue: el rey poco
a poco se fue volviendo más y más
justo. Ya no era despótico ni autoritario.
Dejó de necesitar sentirse poderoso, y
seguramente por ello dejó de necesitar
demostrar su poder.
Empezó a aprender que
la humildad también podía tener
sus ventajas.
Empezó a reinar de
una manera más sabia y bondadosa.
Y sucedió que su pueblo
empezó a quererlo, como nunca lo había
querido antes.
El rey ya no iba a ver al
mago investigando por su salud, iba realmente
para aprender, para compartir una decisión
o simplemente para charlar.
El rey y el mago habían
llegado a ser excelentes amigos.
Hasta que un día, a
más de cuatro años de aquella cena,
sin motivo, el rey recordó.
Recordó que este hombre,
a quien consideraba ahora su mejor amigo, había
sido su más odiado enemigo.
Recordó aquel plan que alguna vez urdió
para matarlo.
Y se dio cuenta de que no
podía seguir manteniendo este secreto sin
sentirse un hipócrita.
El rey tomó coraje
y fue hasta la habitación del mago. Golpeó
la puerta y apenas entró, le dijo:
- Hermano mío, tengo
algo para contarte que me oprime el pecho.
- Dime- dijo el mago- y alivia
tu corazón
- Aquella noche, cuando te
invité a cenar y te pregunté sobre
tu muerte, yo no quería en realidad saber
tu futuro, planeaba matarte frente a cualquier
cosa que me dijeras, quería que tu muerte
inesperada desmitificara tu fama de adivino. Te
odiaba porque todos te amaban.... Estoy tan avergonzado...
El rey suspiró profundamente
y siguió:
- Aquella noche no me animé
a matarte y ahora que somos amigos, y más
que amigos, hermanos, me aterra pensar todo lo
que hubiera perdido si lo hubiera hecho.
Hoy he sentido que no puedo
seguir ocultándote mi infamia.
Necesité decirte todo
esto para que tú me perdones o me desprecies,
pero sin ocultamientos.
El mago lo miró y dijo:
- Has tardado mucho tiempo
en poder decírmelo, pero de todas maneras,
me alegra que lo hayas hecho, porque esto es lo
único que me permitirá decirte que
ya lo sabía. Cuando me hiciste la pregunta
y acariciaste con la mano el puño de tu
espada, fue tan clara tu intención, que
no hacia falta ser adivino para darse cuenta de
lo que pensabas hacer. - el mago sonrió
y puso su mano en el hombro del rey. - Como justa
devolución a tu sinceridad, debo decirte
que yo también te mentí... Te confieso
que inventé es absurda historia de mi muerte
antes de la tuya para darte una lección.
Una lección que recién hoy estás
en condiciones de aprender, quizás la más
importante cosa que te haya enseñado:
Vamos por el mundo odiando
y rechazando aspectos de los otros y hasta de
nosotros mismos que creemos despreciables, amenazantes
o inútiles... y sin embargo, si nos damos
tiempo, terminamos dándonos cuenta de lo
mucho que nos costaría vivir sin aquellas
cosas que en un momento rechazamos.
Tu muerte, querido amigo,
llegará justo, justo el día de tu
muerte, y ni un minuto antes. Es importante que
sepas que yo estoy viejo, y mi día seguramente
se acerca. No hay ninguna razón para pensar
que tu partida deba estar atada a la mía.
Son nuestras vidas las que se han ligado, no nuestras
muertes.
El rey y el mago se abrazaron
y festejaron brindando por la confianza que cada
uno sentía en esta relación que
habían sabido construir juntos...
Cuenta la leyenda....
que misteriosamente...
esa misma noche...
el mago...
murió durante el sueño.
El rey se enteró de la mala noticia a la
mañana siguiente.... y se sintió
desolado.
No estaba angustiado por la
idea de su propia muerte, había aprendido
del mago a desapegarse hasta de su permanencia
en este mundo.
Estaba triste por la muerte
de su amigo.
¿Qué coincidencia
extraña había hecho que el rey le
pudiera contar esto al mago justo la noche anterior
a su muerte?
Tal vez de alguna manera desconocida
el mago había hecho que él pudiera
decirle esto para poder quitarle su fantasía
de morirse un día después.
Un último acto de amor
para liberarlo de sus temores de otros tiempos....
Cuentan que el rey se levantó
y que con sus propias manos cavó en el
jardín, bajo su ventana, una tumba para
su amigo, el mago.
enterró allí
su cuerpo y el resto del día se quedó
al lado del montículo de tierra, llorando
como sólo se llora ante la pérdida
de los seres más queridos.
Y recién entrada la
noche, el rey volvió a su habitación.
Cuenta la leyenda.... que
esa misma noche.... venticuatro horas después
de la muerte del mago, el rey murió en
su lecho mientras dormía....
quizás de casualidad...
quizás de dolor....
quizás para confirmar
la última enseñanza de su maestro.
Jorge Bucay

El
buscador
Hace dos años, cuando
terminaba una charla para un grupo de parejas
conté, como suelo hacer, un cuento de manera
de regalo de despedida. Para mi sorpresa, esta
vez, alguien del grupo pidió la palabra
y se ofreció a regalarme una historia.
Ese cuento que quiero tanto, lo escribo ahora
en memoria de mi amigo Jay Rabon.Esta es la historia
de un hombre al que yo definiría como un
buscador...
Un buscador es alguien que
busca, no necesariamente que encuentra.
Tampoco es alguien que, necesariamente,
sabe que es lo que esta buscando, es simplemente
alguien para quien su vida es una búsqueda.
Un día, él buscador
sintió que debía ir hacia la ciudad
de kammir. El había aprendido a hacer caso
riguroso a estas sensaciones que venían
de un lugar desconocido de si mismo, así
que dejó todo y partió.
Después de dos días
de marcha por los polvorientos caminos divisó,
a lo lejos, Kammir. Un poco antes de llegar al
pueblo, un colina a la derecha del sendero le
llamó mucho la atención. Estaba
tapizada de un verde maravilloso y había
un montón de árboles, pájaros
y flores encantadores; la rodeaba por completo
una especie de valla pequeña de madera
lustrada.
...una portezuela de bronce
lo invitaba a entrar.
De pronto, sintió que
olvidaba el pueblo y sucumbió ante la tentación
de descansar por un momento en ese lugar.
El buscador traspasó
el portal y empezó a caminar lentamente
entre las piedras blancas que estaban distribuidas
como al azar, entre los árboles.
Dejó que sus ojos se
posaran como mariposas en cada detalle de este
paraíso multicolor.
Sus ojos eran los de un buscador,
y quizás por eso descubrió, sobre
una de las piedras, aquella inscripción...:
Abdul Target, vivió
8 años, 6 meses, 2 semanas y 3 días
Se sobrecogió un poco
al darse cuenta de que esa piedra no era simplemente
una piedra, era una lápida.
Sintió pena al pensar
que un niño de tan corta edad estaba enterrado
en ese lugar.
Mirando a su alrededor el
hombre de dio cuenta de que la piedra de al lado
también tenía una inscripción.
Se acercó a leerla, decía:
Yamir Kalib, vivió
5 años, 8 meses, y 3 semanas,
El buscador se sintió
terriblemente conmocionado.
este hermoso lugar era un
cementerio y cada piedra, una tumba.
Una por una, empezó
a leer las piedras.
Todas tenían inscripciones
similares: un nombre y el tiempo de vida exacto
del muerto.
Pero lo que lo conectó
con el espanto, fue comprobar que el que más
tiempo había vivido sobrepasaba apenas
los 11 años...
Embargado por un dolor terrible
se sentó y se puso a llorar.
El cuidador del cementerio,
pasaba por ahí y se acercó.
lo miró llorar por
un rato en silencio y luego le preguntó
si lloraba por algún familiar.
- No, ningún familiar-
dijo el buscador- ¿qué pasa con
este pueblo?, ¿qué cosa tan terrible
hay en esta ciudad?. ¿por qué tantos
niños muertos enterrados en este lugar?,
¿ cuál es la horrible maldición
que pesa sobre esta gente, que los ha obligado
a construir un cementerio de chicos?!!!!!!
El anciano se sonrió
y dijo:
-Puede usted serenarse. No
hay terrible maldición. Lo que pasa es
que aquí tenemos una vieja costumbre. Le
contaré...
Cuando un joven cumple quince
años sus padres le regalan una libreta,
como esta que tengo aquí, colgando del
cuello.
Y es tradición entre
nosotros que a partir de allí, cada vez
que uno disfruta intensamente de algo, abre la
libreta y anota en ella:
a la izquierda, que fue lo
disfrutado....
a la derecha, cuanto tiempo
duró el gozo..
conoció a su novia,
y se enamoró de ella. ¿Cuánto
tiempo duró esa pasión enorme y
el placer de conocerla?, ¿una semana?,¿dos?,¿tres
semanas y media?...
Y después... la emoción
del primer beso, el placer maravilloso del primer
beso, ¿cuánto duró?, ¿el
minuto y medio del beso?, ¿dos días?,
¿una semana'...
¿Y el embarazo o el
nacimiento del primer hijo...?
¿y el casamiento de
los amigos?
¿y el viaje más
deseado...?
¿y el encuentro con
el hermano que vuelve de un país lejano?.
¿Cuánto tiempo
duró el disfrutar de estas situaciones?...
Así... vamos anotando
en la libreta cada momento que disfrutamos...cada
momento.
Cuando alguien se muere,
es nuestra costumbre,
abrir su libreta
Y sumar el tempo de lo disfrutado,
para escribirlo sobre su tumba,
porque Ese es, para nosotros,
el único y verdadero
tiempo VIVIDO.
Jorge Bucay

Darse
cuenta
Este cuento esta inspirado en un
poema de un monje tibetano, Pimpoche, y que rescribí
según mi propia manera de decir, para mostrar
una característica más de nosotros,
los humanos.
Me levanto una mañana,
salgo de mi casa,
hay un pozo en la vereda,
no lo veo,
y me caigo en él.
Día siguiente...
salgo de mi casa,
me olvido que hay un pozo en la vereda, y vuelvo
a caer en él.
Tercer día,
salgo de mi casa tratando de acordarme
que hay un pozo en la vereda,
sin embargo no lo recuerdo, y caigo en él.
Cuarto día,
salgo de mi casa tratando de acordarme
del pozo en la vereda,
lo recuerdo,
y a pesar de eso,
no veo el pozo y caigo en él.
Quinto día,
salgo de mi casa, recuerdo que tengo que tener
presente
el pozo en la vereda
y camino mirando al piso,
y lo veo
y a pesar de verlo, caigo en él.
Sexto día,
salgo de mi casa,
recuerdo el pozo en la vereda,
voy buscándolo con la vista,
lo veo,
intento saltarlo, pero caigo en él.
Séptimo día,
salgo de mi casa
veo el pozo,
tomo carrera,
salto,
rozo con las puntas de mis pies el borde del otro
lado,
pero no es suficiente y caigo e él.
Octavo día,
salgo de mi casa,
veo el pozo,
tomo carrera,
salto,
llego al otro lado!
Me siento tan orgulloso de
haberlo conseguido,
que festejo dando saltos de alegría...
y al hacerlo,
caigo otra vez en el pozo.
Noveno día,
salgo de mi casa,
veo el pozo,
tomo carrera,
lo salto,
y sigo mi camino.
Décimo día
me doy cuenta
recién hoy
que es más cómodo caminar por la
vereda de enfrente.
Jorge Bucay

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