El cero es uno de los grandes inventos de la humanidad. Lo idearon (o descubrieron) los Indios (de la India ) en el siglo V antes de Cristo, y lo bautizaron sunya , que significa vacío.
Los árabes lo tomaron muchos siglos después (siglo VIII d. Cristo) y lo llamaron también vacío (cefer) , vocablo que pasó al castellano como “cero“ y “cifra“ a comienzos del siglo XIII.
 Hubo que llegar al año 1202 para que el matemático italiano Leonardo Fibonacci escribiera un texto sobre los números arábigos, El libro del ábaco. En él introdujo la noción clave del cero en el intelecto de Occidente.
La adquisición del cero permitió el cálculo infinitesimal , la matemática financiera, la geometría proyectiva del renacimiento, la figuración de la divinidad como Cero Absoluto (impensable y sin límites), las teorías de Newton, Einstein y Max Planck, así como la filosofía nihilista de Schopenhauer y la literatura escéptica de Kafka y Jorge Luis Borges (pero también la noción mística, de San Juan de la Cruz y Santa Teresa, del éxtasis como vaciamiento).
 
En suma, sin el cero nuestra civilización sería algo totalmente distinto a como hoy la conocemos: no habría computación, ni era espacial, ni determinadas teorías físicas y filosóficas
Aporte del escritor y Profesor de Literatura
Sebastián Dozo Moreno
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