Estas islas construidas con juncos
proporcionan morada a comunidades indígenas
uro y aymaras. Ellos construyen embarcaciones
y casas, y cocinan su comida sobre la esponjosa
superficie flotante.
Cada
isla está compuesta de montones de juncos
fuertemente enlazados y miden unos 2 mt de grosor.
Los pueblos indígenas,
manejando sabiamente el ecosistema han sabido
extraer los juncos desde las raíces y pelar
su tallos, para transformar la pulpa en un rico
alimento. Añadiéndose capas de junco
recién obtenido y entretejiéndose
a la superficie con el fin de reemplazar las capas
inferiores que se pudren en el agua, cada isla
puede ser construída para durar muchísimos
años.

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