"Lenta
navegante de la vida
segura viajera del destino
recuerdo vivo del pasado
con la casa a cuestas
has venido"
Los seres humanos de la prehistoria
dedicaban gran parte de su tiempo a la observación.
Miraban el cielo, las nubes, el fuego, el mar
y por supuesto observaban a los animales.
No existían en ese entonces
los apuros de hoy. Llegar temprano a la escuela
o al trabajo, calcular los horarios de los ómnibus
o trenes no eran una preocupación.
La vida, seguramente transcurría
tan lentamente como el andar de una tortuga.
Con la casa a cuestas
Cada parte de una tortuga tiene
una razón de ser y es el caparazón
la parte más llamativa. Llevar la casa
a cuestas trae muchos problemas ¡¡¡imagínate!!!.
Una piedra en el camino, un pozo, un desnivel
en el terreno o un charco de agua constituye en
una dificultad muy grande.
Al mismo tiempo el caparazón
es un buen escudo, la protege de los depredadores
y además como es su casa puede quedarse
a dormir donde quiera.
Aunque se trata de un grupo de
animales extremadamente primitivos, los quelonios
se encuentran distribuidos por todos los continentes
y océanos del planeta, exceptuando las
zonas más frías.

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