El climatólogo brasileño
L.C. Molion sostiene que la destrucción
de la Amazonia por la deforestación reduciría
la evapotranspiración en esta selvala y
la formación de lluvias.
Al mismo tiempo limitaría
la liberación de calor a otras regiones
de la Tierra, que se enfriarían, con lo
que disminuiría el crecimiento de las plantas
y la repoducción de cereales fuera de los
trópicos.
Un mayor enfriamiento en las
regiones polares determinaría el desplazamiento
de masas de hielo hacia latitudes más bajas,
lo que aceleraría la llegada de una nueva
era glaciar (dicha tesis genera todavía
bastante polémica entre los científicos)
No hay dudas que las temperaturas
máximas aumentarían y las mínimas
disminuirían. Los estudios en la Amazonia
muestran que la temperatura media diurna, a un
metro del nivel del suelo, es de 3 a 6 grados
centígrados más baja en la selva
que en los claros a su alrededor. Por la noche,
la selva es ligeramente más caliente. La
humedad relativa es del 87% en la selva y de 40%
en los claros.
De acuerdo con L.C. Molion, la
desvastación de la Amazonia determinaría
un aumento de 2 a 5 grados centígrados
en la temperatura del aire a 2 metros de altura.
Con esto, la evapotranspiración se reduciría
hasta un 50% y, con ella, las lluvias, que disminuirían.
Eneas Salati, investigador brasileño,
no duda en afirmar que ¨selva y clima son
socios inseparables¨. Si la selva es sustituida
por otro tipo de vegetación (cultivos temporales,
pastos, etc), el régimen de lluvias se
volverá caótico e imprevisible.
Impacto en la Antártida
Algunos científicos aseguran
que si se derritiera solamente el hielo de la
Antártida, el nivel de los mares subiría
más de 80 metros, con lo que quedaría
sumergida la mayor parte de las grandes ciudades
del planeta. Por este motivo, es tanta la preocupación
por el aumento de la liberación de CO2
en la Amazonia.


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