En
la actualidad, Brasil posee el 8% del mercado
mundial de maderas tropicales serradas, el 15%
de las laminadas y el 6% de los conglomerados.
Durante la década de 1990, Brasil exportaba
1.5 millones de metros cúbicos de madera
y productos de madera por un valor de 550 millones
de dólares. Los destinos fueron: EE.UU;
Japón, Reino Unido.
El problema del carbón
vegetal
Otra
vertiente del problema reside en la producción
de carbón vegetal para alimentar los hornos
de las centrales siderúrgicas, construidas
en instalaciones planificadas en la región
del llamado proyecto Gran Carajás. En la
región de Carajás se encuentra el
mayor yacimiento de mineral de hierro del mundo
, en el corazón de la Amazonia, estado
de Pará.
En la actualidad, Brasil produce
cerca de 2 millones de toneladas de arrabio (hierro
obtenido por fundición de primera en un
alto horno pero que contiene demasiado carbono)
. En el proyecto gran Carajás la previsión
de producción de arrabio era de 2 millones
y medio de toneladas para el año 2000 y
7 millones para el año 2010. Esta producción
generó una demanda de carbón vegetal
del orden de los 2 millones de metros cúbicos
en 1990, de 10 millones de metros cúbicos
para el año 2010 (12.000 kilometros cuadrados
por año).
La Amazonia y el planeta
Decir que la Amazonia es el pulmón
del mundo no tiene absoluta seguridad científica;
pero eso no quiere decir que la destrucción
de la Amazonia no tenga consecuencias muy serias
para la vida en la Tierra.
Según algunos científicos,
las selvas que han alcanzado su punto de equilibrio
vital, con árboles maduros, no contribuyen,
significativamente al aumento de gas carbónico
ni de oxígeno en la atmósfera.
Cerca del 90 % del oxígeno
de la Tierra proviene del fitoplancton presente
en la superficie de los océanos.
Sin embargo, las consecuencias
de la devastación de la Amazonia serían
drásticas, en relación con el llamado
efecto invernadero, que supone un aumento en la
capacidad de la atmósfera terrestre para
retener el calor.
Se sabe que, debido al aumento
de la quema de combustibles fósiles y de
una utilización más intensa de los
suelos (con la desvastación de los bosques)
, la concentración de dióxido de
carbono (CO2) en la atmósfera terrestre
ha aumentado cerca del 25% en los últimos
cien años. De continuar esta progresión,
la concentración puede duplicarse en las
próximas décadas.
Las consecuencias serían
muy graves, pues incluso con el ritmo actual de
liberación de CO2 y otros elementos, se
prevee que podrá producirse un aumento
de 1 o 2 grados centígrados en la temperatura
de los trópicos en los próximos
50 años, así como de 5 a 7 grados
en las regiones templadas y en las polares.

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