En
la década de l980 comenzó, por muchos
motivos, a cambiar radicalmente la visión
humana sobre la cuestión ambiental. Muchas
personas han tomado conciencia de que dependemos
y convivimos con ecosistemas locales que se interrelacionan
con ecosistemas más amplios.

Los grandes ecosistemas regionales
no obedecen a fronteras y límites nacionales,
son interdependientes y se equilibran en un sistema
ambiental planetario. Este es el caso de la selva
amazónica.
Los daños ambientales
Los daños al ambiente
no se restringen ya al lugar donde se inician:
se producen efectos en cadena que, a su vez, exige
soluciones en un ámbito mayor, a veces
mundial.
Hoy se sabe también que,
en función de los adelantos tecnológicos,
del crecimiento demográfico y de otros
factores, la escala de los problemas y de los
desastres ambientales ha cambiado. Estos son y
serán cada vez más graves, afectan
a un número creciente de personas y no
respetan fronteras.
El agravamiento de los daños
y la ausencia de fronteras en las cuestiones ambientales
están comenzando a crear los primeros problemas
a escala universal y no sólo planetaria.
Es, precisamente, en este nuevo
contexto en el que se plantea a la humanidad entera
la cuestión de la Amazonia brasileña.
No podemos olvidar que el tiempo
histórico se acelera:
lo que antes tardaba un siglo en suceder
se produce ahora en diez años;
lo que llevaba una década, hoy lleva un
año.

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